Terapia online en Canarias: acceso con condiciones
La videollamada cambia el lugar; no elimina valoración, responsabilidad ni límites.
La modalidad online puede facilitar continuidad cuando hay desplazamientos, horarios difíciles, movilidad reducida o residencia entre islas. No es automáticamente equivalente para cualquier persona, problema o momento. El encaje depende de privacidad, seguridad, tecnología, edad, riesgo y tipo de intervención.
Antes de empezar deberían confirmarse identidad y cualificación del profesional, canal utilizado, tratamiento de datos, ubicación durante la sesión y qué ocurrirá si se corta la conexión o aparece una urgencia. La comodidad no sustituye ese marco.
Privacidad
Un espacio donde hablar sin ser escuchado, sin grabaciones y con un dispositivo razonablemente seguro.
Contingencia
Teléfono, ubicación y acuerdo sobre reconexión, interrupciones y recursos locales si hicieran falta.
Revisión del formato
Comprobar si permite trabajar con profundidad y cambiar de modalidad cuando deje de ser adecuada.
No es lo mismo terapia por videollamada que una app o un chatbot.
En una sesión por videollamada existe un profesional responsable que evalúa, acuerda objetivos y revisa el proceso. Una intervención digital estructurada, una herramienta de autoayuda y un asistente conversacional tienen alcances distintos. Que todos utilicen una pantalla no los convierte en el mismo servicio.
Si se utilizan formularios, plataformas o inteligencia artificial, el centro debe explicar qué datos procesa cada herramienta, para qué, quién accede y si existe una alternativa. La información clínica no debería enviarse por canales abiertos solo porque resulten cómodos.
Cuándo puede ser preferible otra modalidad
Riesgo inmediato, falta de privacidad, dificultades técnicas graves, necesidad de exploración presencial o un recurso local específico pueden hacer inadecuado el formato. La decisión se revisa con la persona; no se presenta online como solución universal ni como versión menor de una terapia.
